El oficio más duro de la sierra
Imaginad trabajar doce horas al día, de pie sobre troncos flotando en aguas gélidas de montaña, usando solo un garfio de madera para guiar la madera por los rápidos y evitar que los troncos se encallaran. Eso era ser ganchero en la Sierra de Cazorla.
Entre los siglos XVI y principios del XX, los bosques de pino silvestre del Parque Natural de Cazorla fueron la mayor reserva maderera de España. La madera se talaba en invierno y se almacenaba en grandes presas de retención construidas en los ríos. En primavera, con la crecida de los ríos, se soltaban las presas y comenzaba la maderada: miles de troncos bajando el Guadalquivir desde la sierra hasta Sevilla, guiados por cuadrillas de gancheros que andaban por encima de la madera flotante.
El Patrimonio Inmaterial de la Humanidad
En 2021, la UNESCO declaró los conocimientos y prácticas asociados a las maderadas del Guadalquivir como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en la misma lista que el flamenco o la dieta mediterránea. La declaración reconoció no solo la técnica del transporte fluvial de madera, sino todo el universo cultural asociado: los cantos de los gancheros, las fiestas de las cuadrillas, el vocabulario específico del oficio y los rituales de inicio y fin de cada maderada.