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Atalaya Infante Don Enrique LUGAR DE INTERÉS

ATALAYA INFANTE DON ENRIQUE

Atalaya Infante Don Enrique
RECURSOS HISTÓRICO-CULTURALES
Dirección
Carretera A-6206, pk 8.400
Quesada
CÓMO LLEGAR ›
Horario
No se requiere.
Teléfono
953714011

Descripción

En el alto y estratégico Puerto de Tíscar, a una altitud de 1.183 metros, se alza la majestuosa Atalaya del Puerto de Tíscar, también conocida como Torre Castellón de Fique. Desde este punto elevado, la torre ofrece una panorámica inigualable, desde los castillos de Tíscar y Quesada hasta los rincones más alejados de Pozo Alcón, Sierra Nevada y otros municipios como Úbeda, Baeza y Villacarrillo. Esta posición privilegiada la convirtió en un vigilante testigo de los antiguos conflictos entre musulmanes y cristianos, observando las tropas que transitaban por el camino del reino nazarí de Granada. Construida a principios del siglo XIV por el infante Don Enrique, hijo de Fernando III el Santo, esta torre no solo era un baluarte defensivo, sino también un centinela de la comunicación, ya que era el nexo que conectaba a las fortalezas cercanas a través de señales de fuego y humo. En los días de amenaza, las columnas de humo ascendían desde su cima, alertando a los castillos vecinos de posibles ataques, y por la noche, el resplandor del fuego guiaba las miradas de quienes dependían de esta vigía. No en vano, la torre adquirió el sobrenombre de "Torre de las Ahumadas", su llama y humo siendo signos inequívocos. De estructura cilíndrica, construida en mampostería y sillarejo, su forma sólida y robusta todavía permanece en pie. La entrada, elevada a 3,5 metros del suelo, conducía a una estancia interna, donde los mecánicos en las paredes revelan el antiguo sistema de vigas que sostenían un piso intermedio. La torre culmina en una bóveda de media naranja que, a pesar del paso del tiempo, aún refleja la habilidad de sus constructores. En su base, el perímetro de la torre, de 16,10 metros, se estrecha a medida que asciende, alcanzando una altura de 10 metros. Aún visibles en su fachada, dos escudos flanquean la entrada. Uno, adornado con torres y cruces calatravas, señala probablemente al infante don Enrique, mientras que el otro, ya casi desvanecido, podría pertenecer a Fernando IV o al arzobispado de Toledo. La Atalaya del Puerto de Tíscar, con su imponente presencia, sigue siendo un silencioso testigo de la historia, mirando desde lo alto a los campos y pueblos que una vez vigiló con su ojo atento.

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