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Castillo de Toya LUGAR DE INTERÉS

CASTILLO DE TOYA

Castillo de Toya
RECURSOS HISTÓRICO-CULTURALES
Dirección
Carretera JV-3263, km 5.
Peal de Becerro
CÓMO LLEGAR ›
Horario
No se requiere.
Teléfono
953730012

Descripción

En el lugar donde hoy descansan los restos de la torre de Toya, se alzaba en tiempos remotos el oppidum de Tugia, una de las ciudades íberas más importantes de la región, ubicada frente a la cámara sepulcral que guardaba los restos del príncipe que gobernaba esta fortificación. Aunque el paso del tiempo ha borrado gran parte de los vestigios de Tugia, aún sobreviven algunos restos de las antiguas murallas. La elección estratégica de este emplazamiento no fue casual: los íberos, conocedores del terreno y sus ventajas, ubicaron sus poblados en las entradas de los valles fluviales que alimentan al Guadalquivir, asegurando así un control dominante sobre el territorio circundante. Con el transcurso de los siglos, el cerro donde se asentaba Tugia fue reocupado en la época medieval. En ese momento, se levantó un castillo sobre las ruinas del oppidum, del que solo queda en pie una imponente torre, construida con materiales reciclados de las antiguas edificaciones íberas y romanas. Los restos sugieren que esta fortificación medieval se adaptó a los recursos que ofrecía el pasado, integrando tanto la tradición íbera como la romana en sus estructuras. Este castillo, erigido sobre un terreno fértil regado por el río Toya, se beneficiaba de una abundante fuente de agua, conservada en parte por los restos de aljibes musulmanes que aún se encuentran cerca de la ermita vecina. Esos aljibes no solo eran un testimonio del ingenio árabe para conservar el agua en un territorio árido, sino también un símbolo de la continuidad de la vida en esta región a través de los siglos. Aunque el origen del castillo parece remontarse a la época califal, los sillares y mampuestos que conforman sus muros pertenecen al período medieval cristiano. Durante su época de esplendor, la fortaleza de Toya jugó un papel vital en la defensa del Adelantamiento de Cazorla, cuando el territorio pasó a manos del arzobispo de Toledo y fue disputado en repetidas ocasiones durante las campañas contra los nazaríes de Quesada. Sin embargo, para el siglo XVII, el castillo ya había caído en el olvido, despoblado y en ruinas, dejando solo su imponente torre como guardiana de un pasado que se desvanece, pero nunca desaparece del todo, testigo de las luchas, conquistas y sueños de aquellos que habitaron estas tierras.

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