RECURSOS HISTÓRICO-CULTURALES
Dirección
Carretera A-6202, km 13,400
Quesada
CÓMO LLEGAR ›
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Quesada
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Horario
De 10:00 – 14:00 h. y 16:00 – 20:00 h.
De 10:00 – 14:00 h. y 16:00 – 20:00 h.
Teléfono
953713606
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Descripción
El Santuario de Tíscar es una joya enclavada en el corazón de las montañas, que nació de la fe y la devoción tras la conquista cristiana, cuando los vencedores quisieron agradecer a la Virgen su auxilio en la batalla. En sus orígenes, fue un templo gótico, influenciado por el arte mudéjar, que reflejaba la mezcla de culturas de la época. Aunque el edificio original sucumbió con el paso del tiempo, en la mitad del siglo XX se levantó el santuario actual, que conserva el eco de aquel primer templo, como si las mismas piedras quisieran mantener viva la memoria de los rezos antiguos. Este santuario, erigido en una modesta mampostería irregular, se yergue con una sola nave que respira sencillez y reconocimiento, bajo una bóveda de lunetos que invita al silencio reverente. En el altar mayor, una talla de Nuestra Señora de Tíscar, descansa en un delicado camarín, atrayendo las miradas de los fieles que, cada primer domingo de septiembre, se congregan en su honor en una romería que atraviesa el tiempo y la historia. No solo es la patrona de Quesada, sino también del Adelantamiento, una figura de protección y veneración.
A la entrada del santuario, un poema de Antonio Machado, cincelado en piedra, evoca el lazo íntimo que el poeta tejió con el paisaje y la Virgen en su visita, un tributo que vibra con la poesía y la espiritualidad del
lugar.
El Castillo de Tíscar, que aún vigila las alturas, fue levantado por manos árabes en tiempos remotos, cuando las montañas eran fortaleza natural y defensa. Desde el año 876, sus murallas de piedra fueron testigos de incesantes luchas entre musulmanes y cristianos, su acceso empinado y difícil constituyó un obstáculo que aseguraba la resistencia. A lo largo de los siglos, el castillo fue ampliando sus dominios extendiéndose hasta donde hoy se alza el santuario. Pero del castillo original, solo queda la Torre del
Homenaje, levantada en tiempos cristianos, cuya planta cuadrada se alza sobre el imponente cortado de la Peña Negra. En su fachada, el escudo de Pedro I recuerda a los antiguos nobles que defendieron estos lares. La estrecha escalera que serpentea por el interior conduce a la sala principal, donde una bóveda de medio cañón guarda secretos de batallas pasadas. Desde lo alto, las vistas se despliegan como una imagen del pasado, de aquellos días en que el castillo fue centinela de un territorio en pugna, que aún hoy evoca el eco de sus antiguas luchas.





