RECURSOS HISTÓRICO-CULTURALES
Dirección
Carretera JA-9100
Beas de Segura
CÓMO LLEGAR ›
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Horario
No se requiere.
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Descripción
El Puente Mocho es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil romana en la provincia de Jaén. Los romanos, maestros en la ingeniería, construyeron grandes obras civiles para asegurar la comunicación entre las provincias de su vasto imperio y facilitar la movilidad de las
tropas en los territorios conquistados. Este puente se alza sobre el río Guadalimar, en una vía
secundaria conocida como el “Camino de los Cartagineses”, un ramal de la Vía Augusta que, según se cree, conectaba de manera más directa Cástulo con Carthago Nova. A la salida
del puente aún se pueden encontrar restos de una calzada, aunque en mal estado de Conservación.
La construcción del puente, con sus grandes sillares de piedra colocados de manera precisa y meticulosa, es un testimonio de la avanzada técnica romana. Esta técnica ha permitido que el puente se mantenga en pie hasta hoy, demostrando la gran solidez y durabilidad de la obra.
El Puente Mocho presenta varios arcos de medio punto apoyados sobre pilares robustos y alineados. Sobre esta estructura de arcos se extiende la vía que cruzaba el río. Para su construcción, los romanos emplearon sillares de piedra para el exterior, mientras que el interior se reforzaba con una especie de hormigón. La piedra se extraía de canteras cercanas, y la construcción del puente comenzaba con la selección del terreno más firme y la verificación de la resistencia del subsuelo.
Uno de los mayores desafíos que enfrentaban los constructores era el levantamiento de los pilares. Para ello, primero debían crear una estructura de madera, impermeabilizarla, y luego comenzar a construir el pilar en su interior. Una vez que el pilar alcanzaba la altura necesaria, los carpinteros instalaban una armadura de madera sobre la cual se levantaban los arcos.
Podemos imaginar la escena durante la construcción de este puente: el sonido rítmico de los canteros esculpiendo los sillares, el martilleo constante de los carpinteros ensamblando la estructura de madera, y el bullicio de trabajadores moviéndose sin cesar, colocando piedras, acarreando materiales y dando forma a una obra que, siglos después, sigue en pie, recordándonos la grandeza de la ingeniería romana.




