El bosque protegido y protector. El legado forestal de la zona sur
Inicio en Google Maps
Municipio: La Iruela
68,6 km · 5h
Descripción
Esta ruta cicloturista de 68,6 km recorre la periferia sur del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, ofreciendo una comparativa visual entre el bosque protegido del interior y el paisaje degradado del exterior. La ruta parte del punto de información turística entre Cazorla y La Iruela, asciende por encima de Cazorla a través de una espectacular corrección hidrológico-forestal con más de 200 diques y se interna en la cuenca del río Cerezuelo.
Pasa después por las casas forestales del Chorro y de Siete Fuentes, atraviesa la población de Quesada (con su museo Zabaleta), llega al Puerto de Tíscar con su atalaya medieval del Infante don Enrique y desciende hacia los espartales de Hinojares y Pozo Alcón. El tramo final remonta por pista forestal hasta la Casa Forestal del Hornico, sede de un aula de naturaleza y de una colección botánica iniciada por una escuela taller en los años 1980.
El recorrido se ha fraccionado en dos tramos para hacerlo más asumible. Aunque está pensado para cicloturistas, puede realizarse en coche por carreteras y pistas abiertas al tráfico. La idea fuerza es clara: la protección del bosque y la protección que el bosque nos ofrece van de la mano.
Nombre de la ruta
El bosque protegido y protector. El legado forestal de la zona sur
Código: RF-03
Tipo de ruta
Lineal
Dificultad
Difícil
Distancia total
68,6 km
Coordenadas
Inicio
37.920560, -2.996930
Fin
37.774350, -2.923350
Tiempo de marcha estimado
5h
Desnivel máximo 1.368m
Tipo de accesibilidad
- Apta bicicleta
Época del año
Perfil de alturas
Mapa de la ruta
Puntos de interés en la ruta
1
La ruta parte del punto de información turística (habitualmente cerrado) situado junto a la A-319 entre Cazorla y La Iruela. El lugar de partida está rodeado por olivares salpicados con grandes encinas, ofreciendo una imagen de cuál habría sido el bosque original y de cómo es el cultivo arbóreo que lo ha sustituido en esta parte de la provincia de Jaén.
2
En la rotonda, girar a la derecha para subir hacia La Iruela.
3
La Iruela es un precioso pueblo colgado de una gran roca, que anuncia el principio de la sierra y marca el fin de la campiña giennense con su mar de olivos. Vale la pena visitar el castillo de origen andalusí y el núcleo urbano. En la plaza Corredera de La Iruela, girar a la derecha en dirección a la Ermita de la Virgen de la Cabeza.
4
La carretera asciende rápidamente y nos sitúa por encima de Cazorla, dentro de una repoblación con diques que se verá durante todo el recorrido. La calera es un gran agujero cilíndrico excavado en la ladera, con la base abierta hacia la carretera. El calero entraba por allí y construía una falsa bóveda con piedra caliza, sobre la que añadía más caliza hasta llenar el horno; encendía fuego debajo y atizaba durante días para transformar el carbonato en cal viva. Las paredes estaban enlucidas con barro arcilloso refractario que, al cocerse, adquiría aspecto cerámico, todavía visible aquí. El parque tiene piedra caliza y leña en abundancia, por lo que las caleras se reparten por todo el espacio: la cal era imprescindible antes del cemento (argamasa, pintura, desinfectante) y solían situarse cerca de cortijos y casas forestales.
5
Mirador construido a partir de una roca gigantesca desprendida de la montaña, asegurada con maromas de acero contra futuros desprendimientos. Se llama Cueva de Currito Andújar por una grieta donde se escondió un bandolero local. La vista al río Cerezuelo destaca por el contraste entre el bosque verde y la montaña no reforestada (coronada por el castillo de Salvatierra), donde la roca madre ha aflorado y el suelo es ya irrecuperable. La masa boscosa procede de una reforestación de los años 1950 acompañada por más de 200 diques en las torrenteras: una "corrección hidrológico-forestal" que eliminó las avenidas de piedras y lodo que antes dañaban Cazorla. La iglesia de Santa María del pueblo nunca llegó a terminarse porque esas avenidas la inundaban periódicamente.
6
Uno de los muchos diques visibles a lo largo del recorrido. Son muros de piedra perpendiculares a la corriente que frenan las avenidas para evitar daños en pueblos y cultivos. En éste, las rocas y materiales retenidos sobresalen por encima del muro, demostrando su función. Los agujeros llamados "mechinales" permiten drenar el agua. Pero la verdadera prevención de avenidas la hacen los árboles y arbustos: troncos y restos vegetales frenan el avance del agua ladera abajo y favorecen su infiltración, reduciendo volumen, velocidad y poder erosivo. Por eso la construcción de diques siempre es complementaria a la reforestación.
7
Donde acaba el asfalto y empieza la pista forestal, encontramos una de las casetas de control construidas en los accesos al antiguo Coto Nacional para vigilar la caza furtiva. La caza es uno de los recursos forestales del parque, ordenado desde principios del siglo XX y muy especialmente desde 1960, cuando se declaró el Coto para evitar la extinción de la cabra montés (estas montañas fueron uno de sus últimos refugios). Las casetas de control suelen acompañar a casas forestales: la Casa Forestal de Ríogazas, abajo a la derecha, ha sido rehabilitada como hotel de montaña (de las 129 casas que existieron, la mayoría están en ruinas). Entre la caseta y la casa hubo un vivero volante en los años 1950, que producía planta para las repoblaciones de la cuenca del Cerezuelo (el río que cruza Cazorla, no el Guadalquivir).
8
Continuar por la izquierda para subir por la pista principal hasta la Casa Forestal del Chorro. Si se siguiera por la derecha, a pie o en bici, se llegaría directamente al depósito-balsa de la próxima parada y la casa forestal se vería desde abajo.
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La pista pica fuerte los primeros 2 km y luego suaviza hasta esta parada, frente a la Casa Forestal del Chorro. La casa fue rehabilitada en su día pero hoy se deteriora rápidamente. El sitio del Chorro es conocido por una buitrera observable desde un hide de tablas. En la plazoleta delantera arranca un pequeño remanente de la senda de Mackay, ingeniero de montes que trabajó en Cazorla entre 1898 y 1926 e impulsó cientos de kilómetros de senda a media ladera (1,70-2,25 m de ancho, 15% de pendiente máxima, firme de gravilla) para circular carros con fustes y traviesas y conectar las casas forestales entre sí. En lugar de coger la senda, bajar por un sendero paralelo a un antiguo vivero volante hasta la pista, girar a la izquierda y llegar a una alberca con forma de T (37.87266, -3.00513) usada por los autobomba para cargar agua. Junto a la alberca, las ruinas de una antigua tinada para el ganado.
10
Tras dejar atrás la Casa Forestal del Chorro, continuar por la derecha en las dos bifurcaciones casi seguidas para iniciar un descenso rápido hacia Quesada. La pista aparecerá asfaltada unos kilómetros más abajo.
11
En el descenso, una barrera (siempre abierta) en una curva a izquierdas junto a una elegante casa forestal de una sola planta, construida en piedra vista. Sirvió de vivienda al guarda forestal y se le añadió una barrera de control tras la creación del Coto Nacional para vigilar el acceso desde el cortijo de Santa Cruz, cerca de Quesada. Las casas situadas en cotas bajas o resguardadas del cierzo, como ésta, sirvieron de refugio invernal para los guardas destinados en las umbrías altas: ambas familias —residente y visitante— compartían el reducido espacio. Entre Siete Fuentes y la próxima parada en el Puerto de Tíscar, la ruta sale del Parque Natural y atraviesa terrenos de olivar y manchas relictas del bosque original.
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La carretera (JV-7107) recupera el asfalto a la altura de la Atalaya de Majuela y se encuentra con la A-322 en el Cortijo de Santa Cruz. Girar a la izquierda hacia Quesada y, 1,6 km después, girar de nuevo a la izquierda en la rotonda con la A-315 dirección Quesada.
13
La ruta atraviesa la población de Quesada, pasando cerca de un magnífico museo de pintura dedicado al pintor quesadeño Rafael Zabaleta. Se recomienda visitarlo.
14
La carretera desde Quesada culmina en el Puerto de Tíscar (1.189 m), junto a una fuente y bajo la Atalaya del Infante don Enrique, hijo de Fernando III el Santo y hermano de Alfonso X el Sabio, mandada construir para vigilar la frontera medieval entre Castilla y el reino musulmán de Granada. Subir desde aquí 200 m por la derecha hasta la casa de fogueros de las Carboneras (37.78533, -3.04056), con una graciosa explanada encementada a modo de terraza frente a la puerta. Tiene los rasgos típicos de las casas de fogueros: habitación rectangular única, ventanas amplias y tejado curvo de hormigón. Estos puestos fijos de vigilancia se sitúan en puntos dominantes para detectar incendios; los mejores vigilantes son los que conocen el terreno y saben ubicar el humo en el topónimo correcto. La triangulación con otra casa cercana ayuda a localizar el fuego, por lo que conviene que sus áreas de vigilancia se solapen. Como desde aquí no se ve ninguna otra casa de fogueros, hoy ya no se usa como vigilancia, pero la vista es espectacular.
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La ruta pasa por un túnel horadado en una roca sobre la que se ubica el Santuario de la Virgen de Tíscar y la aldea de Tíscar. Vale la pena visitar el castillo y la Cueva del Agua. Las aldeas de Don Pedro y Belerda quedan muy cerca, a menos de 4 km.
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Desde Tíscar, la carretera ha subido rápida hasta esta parada. El objetivo es observar la recuperación progresiva del bosque tras un incendio que afectó a la zona hace unos 20 años. La velocidad de recuperación depende de las especies presentes antes del fuego: es más fácil cuando hay especies rebrotadoras o muy semilladoras, como el pino carrasco predominante aquí. Sus piñas serótinas pueden permanecer cerradas durante años manteniendo la viabilidad de los piñones; sólo se abren con temperaturas superiores a 50 ºC, durante los incendios, liberando una miríada de semillas que aseguran la regeneración. Los pinos negrales producen pocas piñas serótinas y los salgareños ninguna, por lo que sus pinares se recuperan peor tras los incendios.
17
Los cortafuegos son franjas completamente desbrozadas que se atraviesan en el camino más probable del fuego para impedir su propagación. Suelen colocarse en líneas divisorias o siguiendo la línea de máxima pendiente, como aquí. Son caros de mantener y producen impacto paisajístico, por lo que la tendencia actual es sustituirlos por "áreas cortafuegos": franjas de unos 25 m a ambos lados de las carreteras donde se desbroza la mayor parte de la vegetación pero no toda.
18
Mirador natural sobre el valle del Guadiana Menor y el altiplano granadino, en el límite sur del Parque Natural. El paisaje da sensación de aridez: estamos a sotavento de los vientos del oeste (que traen las lluvias al interior) y la tierra ha sido cultivada desde tiempo inmemorial, con la consiguiente erosión del suelo fértil. Cuando el suelo se pierde, las raíces de los grandes árboles no pueden arraigar y aparecen los matorrales; si la degradación continúa, los espartales (comunidades de esparto) son la antesala del desierto. Observando a la vez los bosques de dentro del parque y los espartales de fuera, queda claro que el bosque protegido es también un bosque protector frente a la desertificación. Los árboles previenen la erosión del suelo y mantienen su fertilidad: el bosque conserva el suelo y el suelo mantiene el bosque.
19
La ruta atraviesa el pueblo de Pozo Alcón. En los alrededores merece la pena observar la infraestructura de regadío (canales y acueductos) asociada al embalse de la Bolera, hacia el cual se dirige la ruta.
20
Salir de Pozo Alcón por la A-326 dirección Huéscar. En el km 7,9, junto a varias construcciones a ambos lados de la carretera, girar a la izquierda siguiendo las indicaciones al Aula de Naturaleza. Continuar por pista forestal durante 3 km.
21
Casa control que tuvo una barrera, ya desaparecida, para vigilar el tráfico de entrada y salida del Coto Nacional por este lado de la sierra. Estamos en tierra de cabras monteses. Una anécdota: en 1911 la prensa nacional anunció que Alfonso XIII había cazado cabras monteses en Gredos, "el único lugar del país" donde vivían. No sabían en Madrid que las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas también las albergaban. Medardo Laínez, médico de Cazorla, le hizo llegar al Marqués de Viana, montero mayor del reino, la información. Como no le creyó, don Medardo mandó a Palacio un macho disecado. La anécdota originó una expedición a Cazorla en busca de cabras, que se considera el germen del futuro Coto Nacional creado en 1960 (hoy Reserva Andaluza de Caza).
22
Unos 200 m después del control del arroyo del Vidrio y nada más cruzar el puente, girar a la izquierda para entrar en el recinto de la casa forestal y colección botánica del Hornico. La casa es del tipo "barraca": dos cuerpos unidos por un patio central que distribuye la zona de vivienda y la zona de cuadras y almacenes. Como todas las casas forestales, contó con horno para cocer pan (se amasaba una vez por semana). Concebida para dos guardas y para alojar al ingeniero cuando hubiera trabajos en el monte. A finales de los años 1980 albergó una escuela taller de la Junta de Andalucía y, después, se transformó en aula de naturaleza. Los alumnos de la escuela taller iniciaron la plantación de la colección botánica que existe en los bancales de la antigua huerta. La Junta de Andalucía cuenta con una red de 11 jardines botánicos en sus espacios naturales protegidos para conservación de la biodiversidad vegetal, educación ambiental y fitoturismo.
Más información
Servicios en ruta
- Agua potable
- Áreas de descanso
Recomendaciones
Equipamiento necesario
Naturaleza destacada
Flora
- Pino carrasco, Encina, Olivar, Esparto, Pino negral
Fauna
- Cabra montés, Buitre leonado, Águila real, Búho real