La Ruta Memoria y Paisaje de la Sierra no es un sendero ni una línea con kilómetros que recorrer de un tirón. Es una ruta de presencia permanente por toda la Sierra: recorre algunos de sus rincones menos conocidos —parajes silvestres, ruralidad profunda, pequeños pueblos y aldeas— y te ayuda a descubrir y comprender otra perspectiva de la serranía a través de once esculturas.
Cada escultura guarda un recuerdo del territorio: un oficio, una batalla, una tradición, una mística, una especie que sólo vive aquí. Pero cada una trasciende su propio motivo: sirve para explicar su entorno y para descubrir cómo se construyó y cómo se mantiene este paisaje, dándote a ti protagonismo como parte de él.
Es un circuito circular de largas distancias, pensado para hacerse con calma —en viajes de cicloturismo o visitando la Sierra en coche— a lo largo de varios días o de varias visitas. No hay que completarlo en orden ni de una vez: puedes coleccionar las esculturas en el momento y el orden que más te interesen. Todos los lugares son accesibles por medios tradicionales; a veces hay que deambular por pequeñas carreteras de montaña o llegar a parajes apartados, pero sin dificultad técnica.
Todas las esculturas están hechas para que tú completes la escena, para que te integres como parte del paisaje: son piezas para tocar y para fotografiarse en ellas. Sus ubicaciones no son casuales, se han elegido en relación con cada motivo, porque el contexto importa. En cada una encontrarás una placa con código QR que amplía la información in situ.
Son espacios sin masificar, que conservan la calma y la calidad ambiental: requieren una visita respetuosa, integrada con la población local, huyendo del ruido y de la invasión de grupos de vehículos que distorsionen el ambiente rural y de montaña. Procura aparcar antes de llegar al lugar exacto, donde no estorbes; un pequeño paseo a pie alrededor de cada escultura siempre te dará más información del lugar que visitas. Se trata, en definitiva, de una experiencia no extractiva: un turismo para comprender la dinámica de este territorio.
No es una ruta para hacer de una vez ni de un tirón. Es una invitación a recorrer la Sierra leyendo su memoria; a entender que cada paisaje es, antes que nada, el recuerdo de quienes lo habitaron y lo habitan. Sigue las esculturas y deja que el territorio te cuente de dónde viene.